España se ha convertido en uno de los mercados de la Comunidad Económica Europea con mayor crecimiento en cuanto a tasas de PIB, más concretamente en el sector de bebidas y comidas importadas. Se ha constituido de este modo en un mercado de casi 40 millones de habitantes, a los que hay que sumar los 60 millones de visitantes turísticos anuales procedentes de otros países europeos.

 

Desde 1993 España importa de la Comunidad Europea alimentos, bebidas y otros productos sin aranceles.

 

Los demás países europeos siempre han tenido buenas relaciones comerciales con España, y los productos provenientes del extranjero han sido acogidos positivamente por los consumidores españoles. Esto supone una excelente oportunidad para las compañías europeas de cara a penetrar o a aumentar su presencia en el mercado español.

 

Sin embargo, España es un mercado complejo. Físicamente es el segundo país más grande de Europa Occidental. Siendo un factor importante nombrar a un distribuidor, siempre ha sido necesario decidir entre uno nacional u optar por una serie de distribuidores regionales, lo que supondría tener en cuenta las grandes diferencias en lo referente a hábitos de consumo, poder adquisitivo, costumbres e incluso lengua existentes entre las diecisiete comunidades autónomas.

 

Los hipermercados y los grandes supermercados suponen un 35% del consumo en el sector de la alimentación. Estos establecimientos se concentran en las manos de cuatro cadenas nacionales y varias regionales. Las ventas, distribución y actividades de marketing deben ser estrechamente coordinadas a un nivel nacional.

 

España tiene tantos establecimientos de hostelería como el resto de países de la Comunidad Europea juntos. Esta cantidad de locales, junto con las características de los hábitos sociales españoles, constituyen un mercado idóneo para la comida y la bebida fuera del hogar.

 

 
España es un Mercado Complejo.